

Salieron los dos equipos a no perder y sólo lo consiguió uno. El seleccionador japonés decidió descartar el juego descarado y generoso que le había conducido hasta los octavos (como él mismo ha reconocido) y labró con ello su despedida, aunque no es menos cierto que los penaltys más parecen una ruleta rusa y que, llegados a ellos, le puede tocar a cualquiera. En medio, un encuentro tan larguísimo como aburrido del que cabe destacar uno de los arbitrajes más tendenciosos, caprichosos y asquerosos que se nos ha dado presenciar en este Mundial de malos arbitrajes. El belga Frank de Bleeckere protagonizó una de esas actuaciones sibilinas y malintencionadas que tanto le gustan a la FIFA imponiendo sus decisiones caprichosas a unos japoneses desconcertados ante el cúmulo de despropósitos que ofrecía el trencilla. Al final, nos ha tocado vernos las caras con este Paraguay que es de todo menos una presa fácil.

Un golazo de Villa en claro fuera de juego bastó para pasar a cuartos. El árbitro argentino Baldassi compensó con éste sus anteriores grave errores, como el derribo a Torres del comienzo del partido o la carga, a todas luces ilegal, del peligroso Hugo Almeida sobre Casillas en el área chica. Anécdotas aparte, el partido tuvo un esperanzador planteamiento español de inicio, agresivo y veloz, que debió encarrilar el encuentro pero se encontró a un felicísimo Eduardo entre los palos. Luego, el partido se fue equilibrando y llegaron un par de claras ocasiones portuguesas que pusieron en evidencia lo desnuda que se queda nuestra Selección cuando pierde la bolita. Tras el descanso, en contra de lo habitual, salió la Roja concentrada y más veloz, aunque en sus filas seguían destacando sobre todos Villa y Sergio Ramos, espléndidos de fuerza y entrega. Enfrente, Portugal se diluía sin saber a qué jugaba, CR se desesperaba, reducido a la nada y, del resto, apenas algún ramalazo de Thiago o Meireles. Escaso bagaje. La salida de un Llorente que está lejos de ser sólo un gran rematador de cabeza, permitió a la Selección aprovechar su referencia y ofrecer su mejor juego. Acierto de Del Bosque. Fruto de la mejor verticalidad reencontrada llegó el tanto y alguna otra posibilidad de cerrar el luminoso cuando Portugal se desbocó sin orden ni peligro. Esto sigue, y suavemente mejora. Veremos si lo consigue del todo cuando la exigencia sea máxima.