Hemos dicho aquí varias veces, refiriéndonos a la absoluta, que el tiki-taka no sirve de nada por sí mismo. Que sólo es un medio para obtener un fin y que, sin ese claro objetivo, se queda en agua de borrajas. El fin de la posesión no es otro que la búsqueda del gol, y no es un "divertimento" para dejar pasar los minutos hasta que el árbitro pite el final. La intensidad se mantiene mientras está claro ese objetivo común, el gol, más goles, de forma que todos trabajen en la misma dirección. Acaso con tres goles de diferencia pueda utilizarse el control para fatigar y desesperar al contrario, pero nunca antes.

Con estas armas, que habían maniatado mal que bien a los franceses, nos fuimos al descanso. No me cuesta imaginar la satisfacción en el vestuario, "descansad, chicos, lo estáis haciendo bien...", en lugar de corregir el defecto que ya apuntaba en la segunda mitad del tiempo pasado, máxime si, conociendo a los franceses, cabía esperar de ellos una reacción desesperada. Si no fue así, que no lo sé a ciencia cierta, sí comprobé que salieron desarmados (a jugar a más de lo mismo) ante unos contrarios que hicieron de la presión desbocada virtud y que habían sido aleccionados para maniatarnos a base de velocidad, presión y "encimamiento". La rojita no estaba preparada para este giro de las cosas y no supo reaccionar al nuevo planteamiento. Debo suponer que los responsables técnicos no supieron prever ni contrarestar (más velocidad, más primer toque, más desmarque, más agresividad...) la que se les podría venir encima. Con lo que asistimos a una descomposición gradual del esquema, obcecados los nuestros en mantener un ritmo de juego que ya sólo nos perjudicaba, y en el que empezaron a desnudarse las carencias de los nuestros. Lentísimo e indeciso Bartra, dubitativo Planas, ineficaz Thiago, obnubilado Canales, y hasta torpe Rodrigo. Todos se diluían porque ninguno supo qué hacer, y el banquillo tampoco. Donde hacían falta ideas y una dirección reforzada (acaso Koke), Milla tiró de los cambios ordinarios, con un Rochina obcecado e inútil (¡qué mal va este chico, al que sólo se ve preocupado por sí mismo!) y un Muniaín que ayer no tocó una a derechas. No eran los hombres, fue el esquema lo que falló. Milla se puede apuntar sin duda esta derrota, y haría bien en corregir sus planteamientos ahora que va a dirigir la sub-veintiuno. Si no, mal vamos.
Sólo vi la segunda parte (estaba de viaje). Y por lo visto ¡te doy la razón! Y añado que a Milla como a sus jugadores les faltan bastantes cocidos...
ResponderEliminarP.D.. no entiendo como Muniaín sea suplente, con su experiencia de primera, y la mala segunda parte de Thiago y Canales.
Pues lo que digo, que la tocan pero racanean a la hora de asegurar la victoria. Ciertos complejillos de superioridad, esos que demuestran algunos taconazos a destiempo y esa manera de tocar la bola como a la remanguillé, con el cuerpo p'atras. Vamos, esas cosillas que, cuando yo entrenaba juveniles, me hacían sacar a un tío del campo.
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