No había visto jugar, hasta ayer, al nuevo Levante, por lo que me parecía inexplicable la pasada derrota del Madrid en El Madrigal, tanto como las sucesivas victorias que le han alzado a la cabeza de la tabla. Ahora me lo explico y, aunque sus alineaciones ajusten en delicado equilibrio y el bloque en su conjunto dependa de un par de sólidos puntales como Ballesteros y Nano, el eje de su defensa (habrá que evaluar los efectos de sus ausencias cuando tan complicada Liga les pase factura), es indudable que han conseguido hacer un equipo sólido y más peligroso que un mono con una metralleta. Defienden con once en continuo movimiento, ocupados del balón y de las líneas de pase y apenas dejan alguna fisura atrás, donde hay que jugar muy rápido la bola -y muy preciso- para sorprenderles. Si acaso aprovechar la basculación por los laterales entrando por el lado contrario, aunque luego hay que ver quién es el guapo que entra al remate en medio de tan fornidos guardas de la porra cuando a los dos mencionados se unen Javi Venta, el gigantesco Iborra, Xavi Torres y Barkero. Pero el Levante no es solo eso. Agregar un contragolpe fulgurante, con un Valdo que ha recordado sus inicios, un Koné espectacular en el juego y el desborde, un Juanlu que donde pone el ojo pone la bala..., más la experiencia táctica de Farinós cuando se requieren sus servicios y un Munúa en la puerta que, bien protegido, hace milagros. Por si fuera poco, da la sensación de un equipo bien entrenado, de altísimo nivel físico, muy veloz arriba y con una claridad táctica sorprendente, en todos y cada uno de sus mimbres. Se divierten con el fútbol. Cada uno sabe a lo que juega y les conviene recordarlo, antes de que el vozarrón de Ballesteros les vibre en las orejas. A este nivel, son muy capaces de dar bastantes sorpresas más en la competición, al menos mientras les dure la racha. Hoy por hoy, miran hacia abajo para encontrar a los grandes.
Jugó el Madrid una enorme primera parte ante el Málaga, descontando a un Kaká que sobraba, y solventó la cosa para echarse la siesta en la segunda,lo que le pudo costar más de un buen susto. Pero, en general, hizo lo que muchos le pedimos, trabajar bien y administrar luego, pero siempre con los deberes bien hechos y ventaja suficiente. Quiero destacar a Arbeloa, que está rápido y contundente y cada vez se complica menos la vida, el gran trabajo de Khedira, la contundencia de Sergio Ramos como central y a un intermitente Di María que solo filtra balones cuando tiene a Higuaín delante. Los otros, salvo el mencionado brasileño, a su nivel habitual pero demostrando juntos que cada vez juegan más de memoria y que también saben mantener la bola y pasar (no es el fuerte del Pipa) con precisión. Me quedé satisfecho.
El Barcelona tuvo enfrente a un Sevilla muy "levantino" en defensa, parsimonioso, sin encimar alocadamente al contrario, sino con una dosis que me pareció muy precisa de presión y repliegue, bien estudiada y puesta en práctica con el objetivo de mantener el nivel todo el partido. En el Barça, con Thiago desaparecido y Messi perdiendo bastantes más balones que de costumbre, solo Iniesta y Xavi parecían creer en su trabajo, y se echaba de menos ese tercer punta lateral, a menudo Pedro, al que un Adriano con demasiados cambios de posición no hacía olvidar. Pese a ello, dispuso de seis o siete grandes ocasiones en las que las felices intervenciones de ese porterazo llamado Javi Varas, que tanto me recuerda a Lloris, evitaron el gol. Hasta detuvo un discutible penalty con el que Iturralde iniciaba un inacabable final de partido que prolongó lo indecible.
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