Esperé al resultado del lunes para hacer balance de la jornada y ahora resulta que no tengo ganas de escribir sobre la imposibilidad del Zaragoza para ganar un partido, la crisis de un Atlético súpernervioso ni los logros del Valencia post-Villa, sino acerca del espectáculo de ayer entre el Barcelona y el Madrid.
¿Qué acabo de ver?, me preguntaba al terminar el partido. Globalmente, un burreo, que decíamos en el cole, un repaso, un baño, una paliza. Técnicamente, la exaltación de un modo de juego y la desaparición de otro. La verdad es que, desde el principio, tuve la sensación de que el Madrid no había preparado el partido. O que los jugadores lo olvidaron todo al salir al césped, aunque más me inclino por lo primero. Algo así como: "nosotros, a jugar como siempre y ¡hala!, a ganar". Craso error contra este Barça, que tardó tres minutos en darse cuenta del regalo que le estaban ofreciendo.
No puede ser. No es de recibo que te la den con el balón en su poder, pero lo es todavía menos que te demuestren, las pocas veces que consigues robárselo interrumpiendo su sinfonía de toque y desmarque, cómo se encima al contrario para que no pueda jugar. Eso es peor. ¿O es aún peor no haberlo aprendido todavía? No analizar, por ejemplo, que cada vez que Ronaldo recibía tenía encima un Pujol que no dejaba de acosarle hasta evitar su juego, estuviera en el sector del campo en el que estuviera. Malo es dejarles jugar a su antojo, sin contacto, sin cubrir las líneas de pase, sin agobios, pero tanto lo es comprobar una y otra vez cómo tu contrario te lo hace a ti sin que te percates ni le encuentres soluciones.
Ya sé que la mayoría se habrá fijado y levantará monumentos a la precisión, la coherencia, el desparpajo y la incansable búsqueda del mayor daño posible al contrario que exhibieron los culés. Otros, mencionarán el penalty de Valdés o los fueras de juego que se comió Iturralde en el tercero, como si excusaran las diferencias que estaban tan a la vista (aunque quién sabe lo que hubiera ocurrido si...). Yo, sin embargo, me quedo con el enorme trabajo defensivo del Barça, su disciplina táctica y su entrega en defensa. Jugar a jugar y a no dejar jugar, esas son sus claves.
Naufragó el equipo presuntamente físico en lo físico. Los pitufos corrieron más y mejor, incansables, que los gigantes, desgastados como "gallinas sin cabeza". Probablemente exagero, pero tuve la negra sensación de que Mourinho dejó ayer a sus chicos hacerlo "a su manera", sin intervenir apenas ni antes ni mientras, para que aprendieran una lección. Al menos, yo no vi su mano en ningún momento del partido. Vete a saber, pero me parece más plausible eso que aceptar que al portugués se le olvidara cómo jugó el Inter en el mismo campo y frente al mismo adversario. Maquiavélico como es, esta explicación atrabiliaria me parece plausible, aunque no pueda demostrarla, pero seguro que no se esperaba el baño recibido sino una derrota que le permitiera decirles luego a los chicos: ¿véis, ahora os diré cómo se hace?
En lo personal, muy mal los laterales y Pepe, horribles Alonso y Khedira (luego Lass más de lo mismo), sobrepasado Casillas, fallón Di María, inadvertidos Ozil y Benzéma, ansioso y desnortado Ronaldo..., nada que ofrecer en ninguna línea. Claro que nos queda el futuro. ¿O es que alguien piensa que el Barça juega con esta intensidad cada partido? La Liga dependerá de dos cosas, en cuanto al Barcelona. Lo que aguanten los tobillos de Xavi o Messi y los errores de cálculo de Guardiola con las rotaciones frente a los modestos. El Madrid, si sigue por donde solía y mejora, a tiro de pocos puntos hasta llegar al Clásico del Bernabéu.
Las vaciladas del Pep y Piqué, se definen por sí mismas. Me gustará ver sus lágrimas cuando las cosas no rueden tan redondas para sus intereses. Seguro que son los que más lloran.
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