Mejor ir día a día, para que no se acumule el trabajo.

Empecemos por el Villareal-Sevilla, que fue un partidazo, al menos hasta que a los amarillos les empezó a pasar factura el esfuerzo ante el Madrid, mediada la segunda parte. Hasta ese momento, la cosa estaba pareja pero ganaba el submarino que, pese a las bajas añadidas de
Ángel y
Bruno, estaba dándoles a los andaluces una lección de control atrás y salida fulgurante. Desde su posición más atrasada de lo habitual,
Borja Valero gestionaba las recuperaciones apoyándose en un
Cani cada vez más solvente, rápido e incisivo hasta que le aguantaron las piernas. Delante, la parejita de hecho
Rossi-
Marco Ruben volvía locos a los zagueros de un Sevilla en el que sólo apareció operativo el eje
Romaric/Negredo, con
Capel y
Perotti a verlas venir y
Navas maniatado por el trabajo sordo de
Capdevila. Mediada la segunda parte, la aparición de un
Kanouté demasiado pendiente de hacer méritos para la amarilla y la insistente generosidad del ya mencionado
Romaric, ayer inconmensurable en la entrega y asistente de lujo, bastaron para equilibrar el resultado, que es malo para el Villareal pero no definitivo. Lo dicho, un partidazo.

Llegó el Betis al Camp Nou con la vitola de gallito en la Segunda y a fe que demostró el por qué de su preponderancia en la división de plata. Ya quisieran muchos primeras
(y no me gusta señalar) haber demostrado el rigor táctico, desparpajo y clase futbolística que derrocharon sobre el nuevo tapete los de ese
Pepe Mel sin complejos. Un planteamiento atrevido y acertado, con mucha presión arriba y oportunísimas salidas al corte de los zagueros, maniataron a un Barça que, aún disponiendo de ocasiones aisladas, frustradas por ese gran portero bajito de
Casto nombre, no salía de su asombro al verse jugando casi sesenta minutos más en defensa y media cancha que en ataque. Peor hubiera sido si el travesaño y la obsesión por disparar fuerte y darle al muñeco de
Rubén Castro, o las buenas intervenciones de
Pinto, que todo hay que decirlo, no hubieran frustrado las buenas combinaciones y malas intenciones de un Betis que juega bien la pelota desde el gran trabajo de
Iriney (maniatado muy pronto por una injusta y oportuna amarilla) y la enorme clase de
Salva Sevilla. Pero no fue así, los béticos no acertaron y la poderosa maquinaria azulgrana impuso, a medida que entraban los goles, su preponderancia. El físico de este equipo que se desgasta poco porque juega en armonía colectiva, unido a la excepcional clase individual de un once en que solo desentonaron levemente
Pedro y
Busquets, acabaron avasallando a este gran Betis con un resultado excesivo para los méritos globales de ambos equipos pero justo para con este Barcelona que parece imparable. Me gustó también del Betis
Jorge Molina, muy buen delantero centro, y necesito destacar la obra de arte del pase elevado de
Iniesta en el último gol del partido. Espero que los béticos abarroten el Benito Villamarín para el partido de vuelta, orgullosos de su equipo.
Hubieran abarrotado más el partido de ida, y les hacía mucha falta. Lo dices claramente: excesivo para los méritos de uno y de otro. Y demasiado oportunas las amarillas para uno e inoportunas para el otro. Pero esa es la historia del Camp Nou en los últimos dos años.
ResponderEliminarArbitrajes preventivos. Excesiva complacencia hacia un equipo que no debería necesitarla. Lo que no nubla la exquisita concepción del fútbol que ponen una y otra vez sobre el campo.
ResponderEliminarTambién me llamó la atención Salva Sevilla. Y Rubén Castro.
ResponderEliminarLe veo a veces en la tele andaluza y es un tipo con un último pase matador, clase y visión de la jugada. Del Castro, todo potencia, disparo brutal, que arma en un segundo y empuje. El equipo, si juega Emaná, gana en opciones.
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