Cae el Madrid impotente en Pamplona, renacen de sus cenizas Sporting y Zaragoza, racanean Atlético y Getafe, se mantienen Barça y Villareal..., parece que en el comienzo de la segunda vuelta el fantasma de la forma de cada equipo recorre los pasillos de la Liga. A unos les da sustos, a otros alegrías. Es la hora del juicio para las pretemporadas de unos y otros, días de picos, mesetas y simas profundas. Hoy seré parco en los análisis de los partidos, porque me apetece comentar un par de otras cosas.
- A pesar de lo que pueda pensarse ante el resultado, el Hércules no le puso al Barça fáciles las cosas. Contuvo bien y asomó con descaro, cuando pudo. Presionó, robó, se alimentó de las muchas pérdidas (más que nunca) del contrario, intentó jugar con descaro..., pero fue inútil. En las circunstancias actuales, a este Barcelona o le matas (Trezéguet eligió la derecha cuando la tenía de izquierda) y le alteras o te mata y mira para otro lado. En su peor partido de la temporada, Messi les hizo dos goles. Enseñó este Barcelona sus flaquezas (que las tiene) y su indudable grandeza al mismo tiempo. Por cierto, alguien debería buscar la razón por la que le van a este equipo todos los rebotes, porque la hay.
- El Atlético no se entera. Cuando se quiere ganar, hay que subir balones. Con tres medios centros de los que sólo uno (Thiago), y a veces, tiene vocación constructiva, la pólvora de arriba se queda en salvas. Lo haga como lo haga Reyes, no es jugador para cargar el equipo a la espalda. Esa parece la sorprendente consigna, él lo intenta..., pero no está en su naturaleza. Bien el Athletic, eficaz la nueva posición del diminuto Muniaín, buen partido bilbaino con lagunas de Llorente pero grandes destellos de Toquero. Lo del árbitro Teixeira, penalty-expulsión imaginarios como para un retiro anticipado y forzoso, influyó bastante. Espléndido Javi Martínez.
- El Madrid en Pamplona apenas tiró entre los tres palos. Si al cansancio evidente de Ronaldo y Di María unimos la incomprensible línea media que alineó Mourinho, sin verticalidad ninguna e idéntica imaginación, no hay manera. Está el Real en horas bajas, justo en el peor momento. Los ocho o nueve partidos de este enero loco han desgastado una alineación que el propio entrenador no ha sido capaz de proteger alternando inclusiones, así que no debería quejarse porque tiene a su disposición más de once jugadores, muchos de ellos frescos como lechugas. Acaso debería centrarse más en el equipo y dejarse de tantas peleas intestinas en las que, a la larga, siempre saldrá perdedor, aunque solo sea porque el tiene abiertos dos frentes y sus enemigos uno solo. Salvo inesperada relajación del campeón, esta Liga ya tiene dueño.
Ayer, viendo el partido de Pamplona, me vino a la cabeza un pensamiento general: ¿no es demasiado barato pegarle patadas a Ronaldo? Cada posesión, hasta la más inocua, una tarascada, un empujón, unos tacos amenazadores, un codo, un rodillazo... Para evitarlo, el portugués tiene que esprintar con la pelota el doble que cualquiera, elegir caminos enrevesados para cada jugada, nunca ir por derecho, sortear no solo al contrario sino sus recados... Le buscan, le provocan, desafían su sangre caliente en cada intervención de cada partido y hasta en el camino hacia el vestuario. Parece que está permitida la caza y captura de este jugador, incluso parece bien vista, diría yo. Sin ánimo de polemizar, tal vez el Real Madrid debiera aprender del trabajo mediático que hizo el Barcelona para blindar a sus estrellas, a las que nadie toca o se va a la calle. Ahí lo dejo, por hoy.
El sábado, en GolTv, escuché la trasmisión más sesgada que he podido disfrutar últimamente, incluidas las de Victor Muñoz, que ya es decir. Hasta el comentarista habitual, Lluís Izquierdo (que no pasará a la historia como un periodista objetivo), tenía que intervenir para valorar alguna de las acciones del Hércules al darse cuenta de que su asesor, Juanma Lillo, solo hablaba del Barça. Una sola vez mencionó este botarate el nombre de un jugador del Hércules en todo el partido. Durante noventa minutos, este supuesto sabio del balón se largó un panegírico desmesurado e inagotable sobre las innumerables virtudes del equipo azulgrana, solo comparable a su profusa y confusa utilización del castellano. No sé si era natural, si admiración por Guardiola cercana a la adoración, o si estaba acumulando méritos para enderezar su carrera en los alrededores de La Masía, pero os aseguro que era tan exagerado su partidismo, tan despreciativo del ninguneado contrario, tan fuera de lugar (el papel de un comentarista se supone equilibrado y ponderado, léase Maceda) que debería optar a una plaza de por vida en BarçaTV. En una televisión supuestamente informativa, este fulano de incomprensible y rocambolesco discurso, galimatías y claramente tendencioso, no pintaba nada.
El Madrid a la final de Copa a pesar de todo
Hace 1 día