
No creo que el Arsenal sea equipo para plantarle cara al actual Barça, visto lo visto, salvo que Wenger consiga que sus pupilos salgan a morder y no a mirar. Tienen gente con recursos, fuerza y clase suficientes como para disputarle al Barcelona el control de la pelota, pero me temo que ni ellos mismos se lo creen, entre otras cosas por el síndrome inglés que ya hemos defendido aquí en anteriores entradas, el del bailarín despistado. Si los chiquillos del dandy francés no salen a comerse al contrario como si fuera el Everton, a achicarle el sitio en lugar de contemplarle como hicieron en su campo, a pelearles cada bola, cada uno contra uno, cada línea de pase, será para los catalanes como coser y cantar o como rascar, que todo es empezar. Si yo fuera del Madrid me pasaría la jornada de hoy y media de mañana en jaculatorias al de Medinacelli para que los armeros peleen como si no hubiera mañana. Porque, si no, les van a llegar enteros y eufóricos al sábado por la noche.
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