.jpg)
Ahora, ya no estoy tan seguro, aunque hay tanto nerviosismo y exceso de responsabilidad en los dos grandes que no me hubieran extrañado un par de empates, pero ocurre que el resultado de Milán ha venido a distorsionar el cotarro. A escocer. A encender pasiones. A concitar proclamas y exacerbar vestuarios, con camiseta compromisaria incluida. Nos vamos a dejar la piel, pone en el frontal. El Madrid ya había firmado su pacto del vestuario, no iban los catalanes a ser menos. Es el fútbol un estado de ánimo, y el escenario de las próximos cuatro citas lo va a demostrar hasta lo evidente.
Salvo que se pinche el globo. Si el Barça no se clasifica para su soñada bofetada al archienemigo en su propia casa, sí, sí, sí, no vamos a Madrí, se vendrán abajo las ilusiones con el estruendo que hacen sólo los gigantes cuando caen. Levantarse del varapalo, luego, se me antojaría un imposible.
Así que todo está en las manos mágicas de Mou y sus chisteras con el conejo Sneijder de gambito.
De momento ha vuelto “el espíritu del cochinillo”.
ResponderEliminarEs el triunfo del desafuero, la párdida de la identidad a manos de los oportunistas como Laporta. Aquellos barros han traído estos lodos porque así (en la cabeza del prócer) ganen o pierdan, pasen o se queden, él habrá cumplido su objetivo que no es otro que intentar asegurarse el voto del socio para cuando asome en la otra política. Si de salida ya me llevo 90.000..., que dijo la lechera.
ResponderEliminar