
Es cierto que se trata de un equipo en construcción, pero no lo es menos que debería apuntar las maneras que nos permitieran ver por dónde quiere el entrenador que vaya la cosa, y no es éste el caso. El equipo juega a nada. Lo primero, la actitud. Indolente, perezosa, falta de compromiso, individualista... El Real se está especializando en hacer bueno al contrario a base de permitir su presencia, llegar tarde a todos los balones, ceder los espacios, presionar sin organización... Por eso le cuesta tanto sacar los partidos adelante, dependiente sólo de los arreones de uno u otro pero sin criterio organizativo ni cohesión, ofreciendo las líneas partidas de un equipo largo y estrecho, más todo el espacio del mundo en el medio campo para que el contrario se organice y juegue a placer hasta el borde del área. Cualquier equipo de medio pelo parece así un gigante. Le basta con cerrar su área con trabajo, disciplina y fuerza para salir con velocidad aprovechando tantos espacios cuando la roban, aproximarse al área y allí, si se puede, intentar cualquier cosa y, si no, desplomarse entre alaridos para buscar la falta, el balón parado y la tarjeta. Así le pongo en un compromiso a este equipo hasta yo con unos buenos juveniles y un árbitro mediocre.
En lo único que se ve algo de Mou es atrás, aunque el equipo defiende mal (resulta eficaz, pero defiende mal) con mucha gente hundida y permitiendo una cómoda circulación por los alrededores del área propia. Cualquier equipo que sepa jugar entre líneas (el Barça, por ejemplo, o el Atlético de Madrid) le podrá hacer a esta defensa un roto de los de sacar los colores. Sólo advierto que se haya mejorado en compromiso defensivo (fundamentalmente frente al balón parado lateral), pero no en conceptos defensivos.
De la salida del balón, mejor no hablar. Salvo honrosas excepciones con desplazamientos precisos, es lenta y altamente fallona en el pase, que se efectúa flojo y poco tenso para minorar las pérdidas en los controles, tan abundantes por la falta de tensión competitiva. Nadie se ofrece en desmarque, sobre todo porque nadie busca al que se ofrece (imagino, aunque puede que también sea por indolencia) ya que la vulgaridad es un virus que va impregnando a todos y hasta Ozil y Canales se contagian del pasecito atrás, nadie rompe, atrae y suelta (ayer solo Di María pretendía hacerlo mientras los demás le miraban como hacen los funcionarios al que se pone a trabajar).
El Valencia de este sábado, en 10 minutos llevaba dos goles, corriendo como lebreles. Luego, administraron el partido, un poco demasiado pronto porque ya se sabe que son tres los tantos que dan la tranquilidad necesaria. El Barça sale a presionar al contrario, a acogotarle en su área, a quitarle el balón, abrir a bandas, tirar paredes y disparar a puerta, sin prisas pero con plena confianza en un estilo que les da buenos dividendos. Podrá ganar o perder (esta temporada les costará más ganar) pero son siempre fieles a su patrón de juego.
Y este nebuloso Real Madrid..., ¿a qué juega?