Tropieza el Villareal contra un Getafe disciplinado y aguerrido
(las dos cosas que nunca fue Michel cuando era jugador, paradojas de la vida), se la pega el Español en
La Catedral y ya están los de la otra Liga a ocho puntos aunque el Atlético asome un poco la cabeza del agujero gracias a las apariciones del
Kun (de quien deberían preocupar a sus seguidores, precisamente, las desapariciones).

Del Barça, cuyo partido contra la Real no vi, hubo lo que se espera en esta fase. Más de lo mismo. Juego de toque, paredes excelsas, imaginación, agresividad en defensa. Siempre me imagino a los jugadores de este equipo, en cuanto pierden la pelota y pelean como forzados para recuperarla, que mascullan entre dientes algo así como:
"devuélvemela, que es mía", todos a coro, todos
a capella. Una de las claves de sus éxitos es
esta defensa, agobiante, presionante, de todos a la vez y con el objetivo inmediato de volverla a jugar cuanto antes. Otra clave es obtener la superioridad en cualquier parte del campo. Sin delantero centro, ganan dos jugadores que le inutilizan al contrario
(los dos centrales). Sin una defensa de cuatro
(salvo puntuales excepciones), es decir, con los dos centrales y el lateral que le toque en la basculación hacia el balón, ganan uno más. Y van tres. El contrario se encuentra así, ya de partida, con que juega contra más tipos en el centro y en los carriles del 10 y del 8. Casi nada. Luego, las diagonales en ruptura y, ¡hale hop! aparecen no uno sino varios delanteros centros donde no había nada. Con estas reglas y el toque preciso, al pie o al hueco, está garantizada la victoria contra cualquiera que no sea capaz de anticipar y leer y romper estas superioridades. Veremos si el Español de
Pochetino encuentra el camino o
Guardiola suma otra muesca el sábado que viene.

El Madrid recuperó al
Lass glorioso, omnipresente e incisivo que calentaba banquillo, con lo que su poderío en el centro bastó para imponerse a un Zaragoza lastrado por el geriátrico que acumula en defensa,
Ednilson (que debería jubilarse) a la cabeza. Con el pequeño
Diarrá en el campo, cuando está concentrado y no pierde el norte, mejora la solidez y la velocidad de todo el equipo, liberando mejor a
Xabi y aportando empuje, desplazamientos y presión sobre el contrario. Mejor que con
Khedira, en mi opinión, hasta que el alemán pierda la timidez con la que está jugando en el Madrid. Me encantaría ver al equipo, por una vez y desde la solidez central mencionada, con
Ronaldo de delantero centro y
Benzema (e Higuaín cuando vuelva) u
Ozil o
Di María, de extremos intercambiables, con
Granero de enlace. No es más que una ocurrencia, pero lo mismo funcionaba.
De mi Zaragoza, que en la primera parte naufragó a la defensiva, me pareció apreciar voluntad y arrojo en la segunda, pese al inicial mazazo del "fideo" tras el descanso. Jugaron entonces, liberados del resultado, con casta y orgullo no exentos de ciertas calidades. Salvo el joven
Ander, que siempre nada a contracorriente, estuvieron en su sitio y con fuerza, tratando de tu a tu a un Madrid que había bajado, ciertamente, la intensidad. Si se lo creen, todavía podrían salir del sumidero en que se encuentran. El próximo Sporting debería ser su primer y máximo objetivo.