
Ya debería verse en este Real la mano del entrenador, al menos en intenciones. No sé si alguien la verá, pero yo no. Algo más de solidez defensiva, acaso, aunque con los mismos errores de antaño (boquete en el lateral izquierdo, mala basculación, despistes inaceptables, indefinición de posiciones en los libres laterales y de esquina...), así que la mejora cabe atribuirla al oficio de Carvalho y la entrega de Ramos. Muy flojo el medio del campo, en el que Alonso estuvo torpe y muy fallón (me da que no se entiende con Lass, que juega por delante de él pero sin ofrecerle salida, de modo que sólo queda él para desplazar la bola adelante en largo). Perdido Canales, que está dilapidando su crédito jugando a ser el que no era (pasecitos atrás, a asegurar, ni encara ni profundiza ni mira siquiera los desmarques, pocos, que le ofrecen delante). Quién le ha visto y quién le ve al chaval, antaño todo frescura, toque y visión de juego. Where have all the flowers gone?, que diría el tío Bob. Obsesionados con el gol propio Cristiano y el Pipa, y más perdido que Carracuca Di María.
El Madrid va a recibir más de lo mismo durante toda la Liga. Dificultades en la salida del balón, delanteros corretones hasta la extenuación que abanderan la primera línea de seis, instrucciones de entrar duro y tirarse a la primera para echar árbitro y público encima del contrario, aplausos a cada patada que te den, bronca enorme y tío rodando por el suelo entre alaridos cuando suceda al contrario, llamada general a andana del estamento arbitral ante algo tan evidente... Esto es lo que hay mientras el villarato controle el aparato y, o juegas contra ello o ya te puedes ir a dormir. Y en la Champions, más de lo mismo (quitando el villarato, claro está). Ganar al Madrid de esta manera, o empatarle que es lo mismo, resulta hasta sencillo si tu equipo no resuelve problemas tan claros y evidentes. En esas estamos.
Por cierto, ya sé cómo se puede parar al Barcelona. Os lo cuento otro día.