Aunque pendiente del Hércules-Atlético que nos espera esta noche, comentaré los partidos que he visto este fin de semana, casi todos deudores de la resaca de la Copa, que también esta semana que entra nos traerá su aquél.- El Málaga de
Pellegrini empieza a encajar sus mimbres nuevos, aunque pervive por encima de ellos la batuta que
Duda ha encajado en el lugar en que todos tenemos una pierna izquierda.
De Michelis empieza a sentar cátedra con su experiencia, aunque a veces vaya sobrado, sobre todo en la jugada de pizarra de su gol que no le vi al entrenador chileno cuando entrenaba al Madrid y que resulta muy efectiva. El Athletic, agotado tras la estéril machada copera, bastante hizo con empatar en la prórroga. Me gustó su arrogancia y la eficacia de
Caparrós moviendo fichas.
- Se empieza a parecer el Sevilla a los equipos de
Manzano, con un
Kanouté feliz como una lombriz en su nuevo papel de distribuidor desde la segunda punta, agradecido todo el equipo por la reciente incorporación de un inquieto
Navas, todo calidad y
cuore. Una Real demasiado lenta y premiosa para la Primera División, sobre todo cuando
Xavi Prieto no está acertado, fue presa fácil para el rigor táctico de los sevillanos. Un par de
kanutazos le enviaron al otro barrio, pese al espléndido gol de
Llorente.
- Al Barcelona le salieron bien las valientes rotaciones de
Guardiola, que sentó en el banquillo a
Alves,
Sergio y
Xavi dejando los galones en los hombros de Iniesta. No le iba demasiado bien hasta que
Messi olvidó las vacaciones navideñas y se puso las pilas. Un Depor enormemente blandito y contemplativo
(8 faltas en todo el partido, que vienen a ser las que hace Tomás en uno normal), replegado y sumiso, le puso más fáciles aún las cosas. Lo que no quita méritos al trabajo blaugrana, del que destaco la concentración y la entrega de todos sus jugadores a la hora de recuperar la bola, además de su aburrida precisión milimétrica en el pase, pero que participa y aporta un partido más a la tesis aquí defendida acerca de la humilde manera de encarar los partidos por parte de sus contrarios. Ninguno como el Copenhague, vamos.

- Del domingo, nada nuevo bajo el sol hasta el Bernabéu, donde hubo un partido con dos caras. Cediendo espacios, cualquier equipo de toque le saca los colores al Madrid, como ocurrió en la primera parte. No se puede salir a verlas venir contra un Villareal con tanta gente de tanta calidad. Llegando siempre tarde, con las líneas confusas ante las filtraciones amarillas, sin "encimar"
(verbo horroroso, por cierto) al contrario, el equipo visitante estaba en su salsa, aunque trabajando a destajo hasta un agotamiento que se cobró el Madrid en la segunda parte. Mantuvieron el tipo los de la capital porque con
Ronaldo su equipo obtiene un plus de efectividad, cuando no va de cabra loca, que resulta desequilibrante, y con empate se llegó al descanso mandando el submarino. Cero para
Mou en esta primera parte, que pasó a diez en la segunda. Tres centrales, dos carrileros avanzados,
Gago con
Xabi y todo arriba, nueva disposición táctica en tres hábiles cambios. Pero, además, adelantarse a la jugada, entrar con fuerza, romper las líneas de pase del contrario... Y llegaron los goles. En el tercero, arranca
Cristiano desde el suelo en claro fuera de juego, si no lo hubo antes en el intento de remate de
Di María, aunque su jugada de gol fue de las de quitarse el
chapeau. Para el cuarto, asistencia milimétrica a un
Kaká que se va pareciendo al que fuera en su día, nunca visto en el Bernabéu hasta ahora.