Para quien conozca a don Vicente no pasarían desapercibidos los morros con que recibió a la entrevistadora de rtve al finalizar el último partido de la selección española contra Francia. No estaba satisfecho el míster de lo visto sobre el campo, aunque el resultado fuera muy bueno y la prueba interesante. "Podemos jugar mejor", vino a decir. Que es una manera de callar lo que le debía rondar por dentro. Coincido con él.A mí tampoco me gustó la actitud de los jugadores sobre el terreno, que demostraba un preocupante error de concepto. Me explicaré. Cuando has encontrado la manera de ganar jugando a esto, y la selección sin duda la ha encontrado, hay distintas maneras de procesar este hecho que conducen a opciones diferentes. Es muy delgada la línea que diferencia, en este alto nivel futbolístico indudable, el buen juego del mareo de la perdiz. Me gustaría precisarla a modo de aviso para navegantes y vacuna contra la euforia. El quid de la cuestión, para mí, está en la respuesta a una sola pregunta: ¿para qué?
¿Para qué se controla el balón? ¿Para qué se impone el tempo de tu equipo al del contrario? ¿Para qué te apoyas atrás cuando hace falta? ¿Para qué tanta posesión? Hay mil paraqués y una sola respuesta correcta: para mejor atacar. Cuando no se da esta respuesta, es que algo falla. Se toca por tocarla, porque sabemos que lo hacemos bien, pero no se mata. Y en este juego ganan los que matan y pierden los que no matan.
Vi un equipo que la tocaba, porque sabe y puede, pero con la guardia baja. Sin tensión, lo que se comprobaba en la gran cantidad de pases flojitos, tocaditos, de ti para mi y ahora para ese, que no directos y precisos, exactos y dañinos. Mil y un pases horizontales que no servían para abrir los huecos y aprovecharlos, sino para volver a hacer otros mil pases más. Jugando con el peligro, rozando el abismo de un mal toque, de un robo, de un descuido en el que se cae más a menudo cuando falta la tensión. Vi un equipo ciegamente confiado en el tomatu, pero muy pobre en riesgo y despliegue. Experto en los triángulos de apoyo, pero sin juego entre líneas. Ganamos por 0-2 pero les podíamos haber metido cinco.
No me extrañan los morros de Del Bosque. Si no se corrigen estos errores de suficiencia, nos mandarán para casa en el mundial. Eso sí, tocándola como los ángeles.